lunes, 11 de enero de 2021

Es escote

 No obstante la creciente liberalización de las costumbres, el sexo continúa siendo tierra incógnita en buena medida, y nuestro conocimiento de lo que se ha dado en llamar lo erótico, muy limitado. De donde la curiosidad que despiertan las obras literarias, artísticas o ensayísticas que se aventuran a encarar esa realidad tan huidiza, ese ámbito donde se encuentra la línea fronteriza entre la carne y el espíritu. El escote (Amorrada al piló) es, según parece, uno de los libros de la categoría vírgenes xxx que se han beneficiado últimamente de la curiosidad antedicha: publicada originalmente en catalán, esta novela, sobre la que se ha realizado ya una película, se situó con rapidez a la cabeza de los libros más vendidos en Cataluña, vio multiplicarse sus ediciones en un lapso de pocos meses y su autora fue comparada con Anais Nin y con María Zayas.

  ¿Por qué?

La verdad es que resulta difícil responder a una tal pregunta tras leer el libro en cuestión. Pues El escote, por una parte, no tiene especiales virtudes narrativas, y por otra, no aborda el tema de lo erótico con lucidez superior a la media, ni amplía el campo explorado de la literatura de este tipo. ¿Se deberá la excelente acogida del público al hecho de que aún resulta insólito para los más que una mujer se muestre como sujeto de deseos? ¿Reconocerá el público como propio el enfoque adoptado por María Jaén para hablar de lo erótico? ¿O será, simplemente, que el libro proporciona un tipo de excitación que muchos pueden asumir sin mala conciencia?.



 Desde un punto de vista específicamente literario, El escote tiene poco interés. Ello se debe, ante todo, a que María Jaén narra de manera mediocre, confusamente, con gran pobreza técnica y poniendo en juego una imaginación aún no desarrollada. Pero también a que los personajes masculinos del libro reflejan con exceso los prejuicios, positivos y negativos, de su autora con respecto a los hombres, lo cual impide que podamos creer en ellos en cuanto seres autónomos y que puedan ser otra cosa que meras proyecciones de los sueños y de las angustias de la autora. Por otra parte, el estilo es de una imprecisión grande y pone de manifiesto una precipitación que no es de recibo a la hora de hacer obra literaria: María Jaén no ha acertado a situarse en ese punto distanciador que transforma el discurso coloquial en discurso literario y, en consecuencia, la vulgaridad lo anega a veces todo —ello es patente no sólo por lo que respecta a los fragmentos más marcadamente naturalistas de la obra, sino también y sobre todo a los pretendidamente poéticos

 La más alta literatura erótica es aquella en la que el erotismo constituye el motor de la acción, el principio generador de la novela considerada en cuanto totalidad; El escote, obviamente, no se inscribe en este orden privilegiado de la literatura erótica, sino en aquel otro, mucho más común, constituido por obras donde a partir de un esquema narrativo muy simple, que es un simple pretexto, se suceden escenas totalmente gratuitas, no necesarias, de sexo. Al escribir este libro, María Jaén, de otro lado, ha desperdiciado la oportunidad de sacar a la luz aspectos nuevos de la sexualidad femenina, tan mal tratada hasta ahora en el plano de lo literario debido a la persistencia de tabúes y prejuicios que parecen imposibles de desarraigar. En efecto, la autora se contenta con mostrar, desde una perspectiva totalmente a-crítica, la relación con su sexualidad de una mujer joven del montón, de una representante femenina de esas clases medias de la cultura con poder hoy excesivo, siendo la única nota enriquecedora de su novela la valoración que hace del factor verbal en el sexo.



La protagonista de El escote, como tantas otras mujeres —y como tantos otros hombres, por supuesto— de nuestra época, tiene miedo a los representantes del sexo opuesto, establece instintiva y fatalmente una relación indestructible entre escatología y sexo —lo sexual es malo y sucio para ella, a pesar de sus declaraciones en contrario, como lo prueba la iluminadora escena en que rechaza al muchacho por quien se siente atraída durante su último programa de radio—, tiene una sexualidad fundamentalmente masturbatoria, no consigue enlazar con el erotismo sino a través de fantasías y permanece al margen del descubrimiento del cuerpo como fuente máxima de placer. Es decir, la protagonista de El escote se mantiene de continuo en un nivel documental, sin dar el salto que la convertiría en heroína de una historia verdaderamente artística.

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